Concepto "Psicomotricidad"
 
La  psicomotricidad  es  la  encargada  de  estudiar  la  influencia  del  movimiento  en  la
organización psicológica general, ya que asegura el paso del cuerpo anatomofisiológico al
cuerpo cognitivo y afectivo. 
 
Zazzo  (como  se  cita  en  Ramos,  1979)  la  entiende  como  la  "Entidad  Dinámica"  que  se
encuentra  subdividida  en  dos  elementos:  1)  de  organicidad,  organización,  realización  y
funcionamiento,  sujeta  al  desarrollo  y  a  la  maduración,  que  se  constituye  en    la  función
motriz y se traduce en movimiento, y 2) el aspecto psicológico que se refiere a la actividad
psíquica con sus dos componentes; socio-afectivo y cognitivo. Por lo que, para este autor,
la  psicomotricidad    se  constituye  por  "la  relación  mutua  entre  la  actividad  psíquica  y  la
función motriz", (p. 56).
 
Para  García  Núñez  y  Fernández  (1996)  la  psicomotricidad  indica  interacción  entre  las
funciones  neuromotrices  y  las  funciones  psíquicas  en  el  ser  humano,  por  lo  que  el
movimiento  no  es  sólo  una  actividad  motriz,  sino  también  una  "actividad  psíquica
consciente  provocada por determinadas situaciones motrices", (p. 15).
 
 
 
Psicomotricidad y Desarrollo
 
La experiencia corporal, desde las primeras edades evolutivas, se abastece de contenidos
emocionales  y  afectivos,  lo  cual  permite  que  emerjan  con  mayor  facilidad  las  diversas
funciones  cognitivas  y  motrices  claves  para  el  desarrollo  de  cada  estadio  evolutivo.  Es
decir;  las  experiencias  que  el  niño  va  teniendo  con  su  cuerpo  en  relación  a  su  medio
permiten, como señala Piaget, elaborar esquemas y éstos a su vez le permiten diferenciar
y continuar sus experiencias hasta llegar a la elaboración definitiva de su YO corporal. Por
tanto, se hace imprescindible en las primeras etapas evolutivas, la experiencia de emplear
la totalidad del cuerpo en el juego simbólico; el comportamiento motor, la espontaneidad,
el gesto, la postura, etc., como los medios expresivos básicos por excelencia y por encima
de la palabra.
 
Una vez iniciado el crecimiento como individuo, unido a la consolidación y al mismo tiempo
a  la  abstracción  del  esquema  corporal,  se  van  uniendo  las  imágenes  que  se  hacen  con
respecto al cuerpo, las cuales suelen ser fruto de los reflejos que se reciben de los objetos
(mundo  objetal)  como  de  los  sujetos  (mundo  social).  A  raíz  de  este  proceso  de
conjugación entre las nociones de esquema e imagen de la corporeidad, se construye un
nivel de consciencia corporal adecuado a cada edad evolutiva por la que se atraviesa.   
 
Para Vayer (1977 a) el YO corporal  es "el conjunto de reacciones y acciones del sujeto
que tiene por misión el ajuste y adaptación al mundo exterior", las cuales permitirán al niño
ir elaborando una imagen mental de su propio cuerpo, es decir, su esquema corporal, (p.
18).
 
El esquema corporal es la representación mental que el niño tiene de su propio cuerpo, de
sus posibilidades y limitaciones para manejarse en su mundo circundante. En  cuanto al 
origen del esquema corporal  Wallon (como se cita en Ramos, 1979) dice que "el esquema
corporal es una necesidad. Es el resultado y la condición de las justas relaciones entre el
individuo y el medio". 
 
García  Núñez  (como  se  cita  en  Martínez  &  Col.  ,  1984)  afirma  que  "la  construcción  del
esquema  corporal  se  realiza,  cuando  se  acomodan  perfectamente  las  posibilidades
motrices  con  el  mundo  exterior,  cuando  se  da  una  correspondencia  exacta  entre  las
impresiones  sensoriales  recibidas  del  mundo  de  los  objetos  y  el  factor  kinestésico  y
postural.  Los  elementos  fundamentales  y  necesarios  para  una  correcta  elaboración  del
esquema  corporal  son:  el  control  tónico,  el  control  postural,  el  control  respiratorio  y  la
estructuración espacio-temporal", (p. 35). 
 
S.  Ballesteros  (Diccionario  Enciclopédico  de  Educación  Especial,  1995,  Vol.  4,  p.1685)
define al esquema corporal como "la entidad dinámica que va formándose lentamente en
el  niño  desde  el  nacimiento  hasta  aproximadamente  los  12  años,  en  función  de  la
maduración del sistema nervioso y de su propia acción, en función del medio que le  rodea 
y  de  las  demás  personas  con  las  cuales  el  niño  se  va  a  relacionar,  así  como  de  la
tonalidad afectiva de esta relación y, por último, en función de la representación que se
hace el niño de sí mismo y de los objetos de su mundo en relación con él". 
     
H. Pieron (como se cita en Vayer, 1977 a) por su parte define al esquema corporal como:
"la organización de las sensaciones relativas a su propio cuerpo en relación con los datos
del mundo exterior" , (p. 18). 
 
Estas  definiciones  implican  las  dos  vertientes  remarcadas  por  Wallon  en  cuanto  a  la
actividad motriz (como se cita en Vayer, 1977 b); una, orientada hacia sí mismo, a través
de  la  actividad  tónica  que  constituye  la  base  en  donde  se  inscriben  las  actitudes    y 
posturas,  y  otra,  orientada  hacia  el  mundo  exterior,  compuesta  por  los  movimientos
propiamente dichos y que es la actividad cinética. 
 
Esto implica al mismo tiempo los dos niveles de la integración del YO al mundo: 
 
1) la vivencia corporal y la representación y 2) el compromiso del YO en la acción.
 
El desarrollo del esquema corporal está asociado, por una lado, a las vivencias que el niño
va  teniendo  durante  su  vida,  y    por  otro,    a  la  maduración  nerviosa,  es  decir,  a  la
mielinización  progresiva  de  las  fibras  nerviosas,  regidas  por  dos  leyes  psicofisiológicas
válidas, antes y después del nacimiento. Estas leyes son (Vayer, 1977 a), la céfalocaudal 
y  la proximodistal. En la primera, el desarrollo se extiende a través del cuerpo desde la
cabeza  hasta  las  extremidades;  y  en  la  segunda  el  desarrollo  procede  desde  el  centro
hacia la periferia a partir del eje central del cuerpo. Según Vayer, estas leyes pasan por un
proceso que siempre es el mismo, es decir, las etapas del esquema corporal, que él divide
en cuatro etapas:
 
1.  La  primera  etapa:  contemporánea  al  nacimiento  y  hasta  alrededor  de  los  2  años,  o
período  maternal;  cuando  el  niño  comienza  a  enderezar  y  a  mover  la  cabeza  como
acto  reflejo  y  después  endereza  el  tronco,  estas  actividades  lo  conducirán  hacia  las
primeras  posturas  de  sedestación,  la  cual  le  facilitará  a  su  vez  la  prehensión.  La
individualización y el uso de sus miembros, lo llevarán progresivamente a la reptación y
gateo,  lo  que  facilitará  la  segmentación  de  los  miembros  y  aparición  de  la  fuerza
muscular y del control del equilibrio, lo que a su vez le permitirá conseguir la posición
erecta, la bipedestación, la marcha y las primeras coordinaciones globales asociadas a
la  prehensión.  Estas  situaciones  de  acción  le  facilitarán  al  niño  la  posibilidad  de
descubrir y conocer.
 
2.  La segunda etapa: de los 2 y hasta los 5 años aproximadamente, es el período global
del  aprendizaje  y  del  uso  de  su  cuerpo.  Aquí,  la  prehensión  se  va  haciendo  más
precisa,  asociándose  a  los  gestos  y  a  una  locomoción  cada  vez  más  coordinada,  la
motilidad  y  la  cinestesia  de  manera  asociada,  permiten  al  niño  una  utilización
crecientemente diferenciada y precisa de su cuerpo entero.
 
3.  La tercera etapa: de los 5 a los 7 años, período de transición. El niño pasa del estadio
global   y   sincrético   al   de   la   diferenciación   y   análisis,   los   datos   sensoriales
especialmente los visuales, permiten pasar progresivamente de la acción del cuerpo a
la representación, afirmándose la lateralidad, el conocimiento de derecha e izquierda,
la  independencia  de  la  mano  con  relación  al  tronco  y  el  dominio  de  la  postura  y  la
respiración.
 
4.  La  cuarta  etapa:  de  los  7  a  los  11  años,  constituye  la  elaboración  definitiva  del
esquema corporal. Se desarrollan y consolidan las posibilidades de relajación global y
segmentaria,  la  independencia  de  los  brazos  y  piernas  con  relación  al  tronco,  la
independencia de la derecha respecto a la izquierda, la independencia funcional de los
diversos segmentos y elementos corporales y la transición del conocimiento de sí, al
conocimiento de los demás, esto tiene como consecuencia el desarrollo de las diversas
capacidades de aprendizaje así como la relación con el mundo exterior, ahora el niño
tiene los medios para conquistar su autonomía. La relación que mantuvo con el adulto
durante  todo  este  proceso  se  irá  haciendo  cada  vez  más  distante  hasta  llegar  a  la
cooperación y a compartir las responsabilidades con ellos. 
 
Cabe aclarar, que esta elaboración mental progresiva del esquema corporal dependerá de
la historia y de las propias vivencias de cada niño. Por tanto, el reconocimiento del propio
cuerpo,  se  dará  a  través  de  experimentar  y  vivenciar  éste  y  paralelo  a  ello,  se
desarrollarán los procesos cognitivos, dando ambos significación al movimiento.
 
A manera de poder entender mejor qué factores intervienen en el control, conocimiento e
imagen del cuerpo, se definirán las habilidades psicomotrices que permiten al niño adquirir
mayor dominio y por lo tanto conocimiento de su cuerpo. Estos aspectos son: el equilibrio,
la coordinación, la lateralidad, y la organización espacial y temporal.
 
El  equilibrio  para  Fonseca  (1998)  "es  una  condición  básica  en  la  organización  motora.
Implica  una  multiplicidad  de  ajustes  posturales  antigravitatorios,  que  dan  soporte  a
cualquier respuesta motriz", (p. 151). Por tanto, el equilibrio reúne un conjunto de aptitudes
estáticas  y  dinámicas,  abarcando  el  control  postural  y  el  desarrollo  de  adquisición  de  la
coordinación. Entre la clasificación que realizan algunos autores como Bucher, Vayer y Le
Boulch  con  respecto  al  equilibrio,  coinciden  en  dividirlo  en  equilibrio  estático  y  equilibrio
dinámico.  El  equilibrio  estático  según  Trigueros  y  Rivera  (como  se  cita  en  Conde  &
Viciana, 1997) "es el control de una postura sin desplazamiento" y el equilibrio dinámico
según Castañeda y Camerino (1991, como se cita en Conde & Viciana, 1997) "es el que
se establece cuando nuestro centro de gravedad sale de la verticalidad del cuerpo y tras
una acción equilibrante, vuelve sobre la base de sustentación", (p. 55).  
 
En  estrecha  relación  con  el  equilibrio  se  encuentra  la  coordinación  motriz.  Lora  Risco
(como se cita en Conde & Viciana, 1997) la define como "la capacidad de hacer intervenir
armoniosa,  económica  y  eficazmente,  los  músculos  que  participan  en  la  acción,  en
conjunción  perfecta  con  el  espacio  y  el  tiempo",  (p.  167).  A  la  coordinación  motriz  han
coincidido en clasificarla varios autores en función de las partes del cuerpo que intervienen
para su realización, por lo que la coordinación se puede clasificar en coordinación motriz
gruesa o global, coordinación viso - motriz y coordinación motriz fina.
 

  • La coordinación gruesa o global, hace referencia a la integración de los segmentos de

todo el cuerpo, interactuando conjuntamente.  
 

  • La coordinación viso - motriz referida a la coordinación ojo-mano, ojo-pie, se define

como el trabajo conjunto y ordenado de la actividad motora y la actividad visual.
 

  • La coordinación motriz fina es la encargada de realizar los movimientos precisos, está

asociada con el trabajo instrumental de la mano y de los dedos, en donde interactúa
con el espacio, el tiempo y la lateralidad.
 
Cabe  aclarar,  que  la  coordinación  motriz  implica  por  lo  tanto,  el  paso  del  acto  motor
involuntario  al  acto  motor  voluntario,  por  lo  que  ésta  dependerá  de  la  maduración  del
sistema nervioso como del control de los mecanismos musculares. 
 
Por su parte, la lateralidad es un proceso que tiene una base neurológica, y es una etapa
más  de  la  maduración  del  sistema  nervioso,  por  lo  que  la  dominancia  de  un  lado  del
cuerpo  sobre  el  otro  va  a  depender  del  predominio  de  uno  u  otro  hemisferio.  En  este
sentido se considera una persona diestra cuando hay predominio del hemisferio izquierdo
y una persona zurda, cuando la predominancia es del hemisferio derecho.
 
Para Conde y Viciana (1997) la lateralidad "es el dominio funcional de un lado del cuerpo
sobre el otro y se manifiesta en la preferencia de servirnos selectivamente de un miembro
determinado  (mano,  pie,  ojo,  oído)  para  realizar  actividades  concretas",  (p.  61).  La
lateralidad es por consecuencia sinónimo de diferenciación y organización global corporal,
donde están inmersos por lo tanto la coordinación y el espacio y tiempo.   
 
Siguiendo este orden de ideas, para Conde y Viciana no existe un buen desarrollo de la
espacialidad si la lateralidad no está bien educada. Como hemos señalado anteriormente,
es fundamental que el niño conozca su cuerpo, pero no es suficiente si no lo estructura y
lo utiliza como es debido. Con esto se quiere decir que la organización del espacio y del
tiempo  debe  correr  paralelamente  a  la  maduración  corporal,  es  decir;  que  conozca  las
partes  de  su  cuerpo  (noción  del  esquema  corporal)  pero  que  éste,  le  pueda  ubicar
adelante-atrás, arriba-abajo, a un lado-al otro, en su cuerpo, en el cuerpo de los otros y en
los objetos (espacialidad).      
 
La  espacialidad  según  Wallon  (como  se  cita  en  Conde  &  Viciana,  1997)  será  "el
conocimiento o toma de consciencia del medio y de sus alrededores; es decir la toma de
consciencia del sujeto, de su situación y de sus posibles situaciones en el espacio que lo
rodea (mide su espacio con su cuerpo), su entorno y los objetos que en él se encuentran",
(p.  150). Por su parte Conde y Viciana (1997) a la organización espacial la clasifican en:
1) orientación espacial y 2) estructuración espacial. 
 
1.  Por  orientación  espacial  Conde  y  Viciana  (1997)  entienden  a  "la  aptitud  o  capacidad
para  mantener  constante  la  localización  del  propio  cuerpo  en  función  de  los  objetos
para  posicionar  a  éstos  en  función  de  nuestra  propia  posición",  (p.  150).  A  este
conjunto de relaciones espaciales simples, se le denomina relaciones topológicas que
son  relaciones  existentes  entre  el  sujeto  y  los  objetos,  o  bien,  relaciones  muy
elementales  entre  los  objetos-sujetos,  como  por  ejemplo;  relaciones  de  orientación,
situación, superficie, dirección, distancia, orden o sucesión. 
 
2.  La  estructuración  espacial  Torre  (como  se  cita  en  Conde  &  Viciana,  1997)  la  define
como   "la   capacidad   para   orientar   o   situar   objetos   y   sujetos",   (p.   150).   Esta
estructuración  espacial  se  relaciona  con  el  espacio  representativo  o  figurativo,  que
analiza  los  datos  perceptivos  inmediatos  (basado  en  el  espacio  perceptivo)  y  se
elaboran relaciones espaciales de mayor complejidad, a través de una serie de puntos
de  referencia,  esta  vez  externos  al  cuerpo,  es  decir,  objetivos,  esto  se  logra
aproximadamente  a  los  7  años  de  edad.  A  estas  relaciones  se  les  denomina;
relaciones proyectivas y relaciones euclidianas o métricas.  
 
 
Las relaciones proyectivas, son relaciones topológicas con mayor grado de complejidad,
donde  el  niño  descubre  las  dos  dimensiones  del  espacio,  largo  y  ancho;  y  por  tanto,  el
concepto de superficie. Según Castañeda y Camerino (como se cita en Conde & Viciana,
1997)  las  relaciones  proyectivas  responden  a  la  necesidad  de  situar,  en  función  de  una
perspectiva  dada,  los  objetos  o  los  elementos  de  un  mismo  objeto  con  relación  a  los
demás.
 
Por  su  parte,  las  relaciones  euclidianas  o  métricas,  dan  la  capacidad  de  coordinar  los
objetos entre sí, en relación con un sistema de referencias de tres ejes de coordenadas,
donde  el  niño  descubre  las  tres  dimensiones  del  espacio;  aprendiendo  las  nociones  de
volumen, de profundidad, perpendicularidad, paralelismo, etc. Por todo esto, la orientación
y estructuración espacial, constituirán los pilares que posibiliten el movimiento del niño y
su organización en el espacio. Estas nociones espaciales aparecerán relacionadas con: el
esquema corporal, la lateralidad y la temporalidad.
 
En cuanto a la elaboración del tiempo en el niño, ésta depende de varios factores, entre
ellos, se pueden citar por una parte, al crecimiento orgánico y la maduración del sistema
nervioso  y  por  otra,  a  la  experiencia  adquirida  en  la  acción  sobre  los  objetos,  de  las
interacciones sociales y de la autoregulación del niño en la construcción cognitiva. Todos
estos  factores  van  madurando  lentamente  a  medida  que  el  niño  va  creciendo  y  se  van
consolidando a partir de las experiencias de ensayo y error. Accediendo el niño a estas
nociones  temporales  gracias  a  la  sucesión  de  acciones,  a  la  velocidad  con  que  son
realizadas,  etc.,  estos  serán  puntos  de  referencia  que  el  niño  utilizará  para  evaluar  la
temporalidad.
 
Según Lora Risco (como se cita en Conde  & Viciana, 1997) para entender el fenómeno
temporal, debemos diferenciar entre tiempo subjetivo y tiempo objetivo. El tiempo subjetivo
es   el   vivido   por   cada   sujeto,   característico   de   cada   ser   viviente,   se   organiza
progresivamente y determina una ritmación temporal de actitudes, expectativas, deseos y
experiencias, por lo que varía con cada individuo y con el trabajo o la actividad de cada
momento. Por su parte el tiempo objetivo se limita al periodo de duración en que se lleva a
cabo una acción cualquiera. Es un tiempo matemático, rígido, inalterable.
 
Según Rigal (como se cita en Conde & Viciana, 1997) se llega al concepto de tiempo a
través de la siguiente idea "percibimos el transcurso del tiempo a partir de los cambios que
se producen durante un periodo dado y de su sucesión, que transforma progresivamente
el futuro en presente y después en pasado". Por lo que Conde y Viciana (1997) definen
"percibir  el  tiempo  es  tomar  consciencia  de  los  cambios  que  se  producen  durante  un
periodo determinado", (p. 159). La temporalidad según este autor se puede clasificar en
tres apartados con el objeto de conocer los elementos que la conforman en su conjunto; 1)
orientación  temporal,  2)  estructuración  temporal,  con  sus  dos  componentes:  orden  y
duración y 3) organización temporal con su componente: ritmo.
 
1.  La orientación temporal (Conde & Viciana, 1997) "es la forma de plasmar el tiempo", (p.
160).  Al  igual  que  la  orientación  espacial  suponía  ocupar  un  espacio,  la  orientación
temporal no se puede visualizar, por lo que debe recurrirse a las nociones temporales,
es decir, al dominio de los conceptos más significativos para orientarnos en el tiempo.
Por ejemplo; día - noche, mañana - medio día - tarde, ayer - hoy, primavera - verano -
otoño  -  invierno,  días  de  la  semana,  horas,  años,  etc..    Como  señalábamos
anteriormente,  el  concepto  de  tiempo  se  hace  difícil  para  el  niño,  por  no  ser  algo
perceptible  para  los  sentidos,  por  lo  que  habrá  de  valerse  de  los  acontecimientos
diarios para hacerles sentir la existencia de tal realidad.
 
2.  La estructuración temporal contiene dos componentes: el orden y la duración.
El  orden  lo  define  Fraisse  (1987,  como  se  cita  en  Conde  &  Viciana,  1997)  como  "la
distribución  cronológica  de  los  cambios  o  acontecimientos  sucesivos  o  aspecto
cualitativo  del  tiempo".  Esta  noción  de  orden  descansa  sobre  la  clasificación  de
acontecimientos  sucesivos  durante  un  periodo  de  tiempo  dado,  en  que  los  términos
"antes"  y  "después"  son  referencias  obligadas.  Siguiendo  a  este  mismo  autor,  la
duración  será  "el  tiempo  físico  medido  en  minutos  y  segundos,  etc".  Por  lo  tanto,  la
duración será el aspecto cuantitativo en la estructuración temporal. Rigal (1987, como
se cita en Conde & Viciana, 1997) resume diciendo que  "el orden define la sucesión
que hay entre los acontecimientos que se traducen, unos a continuación de otros, y la
duración es la medida del intervalo temporal que separa dos puntos de referencia, el
principio y el fin de un acontecimiento", (p. 160). En este sentido las sensaciones de
orden y duración serán percibidas a través del ritmo. 
3.  La organización temporal, tiene como elemento al ritmo. El ritmo está inmerso en todos
los  fenómenos  de  la  naturaleza,  no  solo  en  el  fenómeno  musical,  ya  que  hay  ritmo
respiratorio, cardiaco, corporal, etc. El ritmo (Willems,1979, como se cita en Conde &
Viciana, 1997)  es "el acto perceptivo del tiempo. Es el movimiento ordenado". Platón
definió  el  ritmo  como  "el  orden  del  movimiento".  Otros  autores  como  Castañeda  y
Camerino  señalan  que  el  ritmo  es  "la  estructura  temporal  de  varias  secuencias  de
movimiento",  (p.  160).  A  su  vez  el  ritmo  contiene  elementos  que  Conde  y  Viciana
(1997) clasifican en dos bloques: 1) Pulso y Acento y 2) La métrica del ritmo: compás. 
 
1)  El pulso son los tiempos o pulsaciones regulares sobre la cual se desenvuelve y cobra
vida el ritmo. El pulso es un ritmo de base que perdura en el tiempo, constante durante
toda  la  melodía  que  corresponde  a  la  sucesión  continua  e  ininterrumpida  de  pulsos.
Por su parte el acento son las pulsaciones que se destacan periódicamente dentro del
conjunto de pulsaciones, por concentrar una cantidad de energía mayor, es decir, es el
tiempo fuerte dentro del pulso.
 
2)  El compás se puede definir como la organización o agrupación de pulsaciones fuertes
y débiles, organizándose estructuras rítmicas binarias, ternarias, cuaternarias y más.    
 
Por otra parte, hablar de organización espacio temporal supone una superestructura, que
resulta de la integración de dos estructuraciones distintas, que tienen su desarrollo propio.
Según  Piaget  a  éstas  estructuras  corresponde  la  génesis  de  la  inteligencia  del  niño,
mismas  que  dependerán  del  grado  de  interacción  y  de  las  experiencias  psicomotrices,
como de la elaboración mental que de ellas se haga.
 
Por último, debe mencionarse la importancia de las sensopercepciones en el conocimiento
del  propio  cuerpo.  Se  puede  decir  que  las  sensopercepciones  son  las  impresiones
sensoriales que tenemos de nuestro cuerpo. 
 
Monserrat   Antón   (1983)   clasifica   a   estas   en   sensaciones   1)   exteroceptivas,   2)
propioceptivas e 3) interoceptivas. 
 
1.  Las sensaciones exteroceptivas son las impresiones cutáneas, visuales y auditivas;
 
2.  Las  sensaciones  propioceptivas  son  las  sensaciones  recibidas  desde  los  órganos
terminales sensitivos situados en los músculos, tendones, articulaciones; y
 
3.  Las  sensaciones  interoceptivas  son  las  impresiones  recibidas  desde  la  superficie
interna del cuerpo y de las vísceras.
 
La misma autora (1983) sostiene que "todas las sensaciones recibidas desde el exterior
(tacto,  visión,  etc.)  o  desde  el  interior  (dolor  muscular,  funcionamiento  de  los  diversos
órganos, etc.) sirven para contrastar y afirmar paulatinamente la idea de como es nuestro
cuerpo", (p. 19). Todas estas impresiones se unifican en una sola imagen mental que es el
esquema corporal o imagen de nuestro cuerpo.
 
Cabe  señalar  que  estas  habilidades  o  aspectos  de  la  psicomotricidad  no  se  dan  de
manera separada o aislada, sino que dependen entre sí, de tal manera, que todas están
implicadas en la adquisición, desarrollo y consolidación de las mismas.
 
Por todo lo que se ha comentado, el cuerpo es el primer medio de relación que tenemos
con  el  mundo  que  nos  rodea,  por  ello,  cuando  mejor  lo  conozcamos,  mejor  podremos
desenvolvernos en él. El conocimiento y dominio del cuerpo, es el pilar a partir del cual el
niño constituirá el resto de los aprendizajes. Este conocimiento del propio cuerpo supone
para la persona, un proceso que irá desarrollando a lo largo del crecimiento. Por lo que, la
noción del esquema corporal se organiza, a partir de la percepción que tiene el niño de su
cuerpo  a  través  del  tono,  equilibrio,  lateralidad,  espacio  y  tiempo  que  le  permitirán
establecer la relación con los objetos.     
 
Basado  en  los  estudios  de  la  psicología  del  desarrollo  se  erigen  los  fundamentos  de  la
psicomotricidad y de la educación psicomotriz. La educación psicomotriz, entendida como
la propuesta metodológica para el trabajo del cuerpo. Por lo que, en este orden de ideas
se aborda en el siguiente bloque algunos de los conceptos y principios que la sustentan.